Los astrónomos han confirmado la detección de una explosión cósmica extraordinariamente poderosa –equivalente a la energía de mil millones de soles– observando su “eco” persistente en ondas de radio. Este evento, una explosión de rayos gamma (GRB), inicialmente pasó desapercibida porque su explosión inicial no estaba dirigida hacia la Tierra. El descubrimiento destaca cómo incluso los fenómenos más energéticos del universo pueden evadir la detección si están desalineados, pero aún pueden identificarse a través de sus efectos posteriores.
La naturaleza de las explosiones de rayos gamma
Los GRB se encuentran entre los eventos más violentos del cosmos y ocurren cuando estrellas masivas colapsan en agujeros negros o cuando objetos compactos se fusionan. Estas explosiones liberan rayos de energía enfocados, lo que significa que sólo los observadores alineados con esos rayos pueden presenciar el destello inicial. Sin embargo, a medida que estos rayos se expanden e interactúan con el gas y el polvo circundantes, crean un resplandor que se desvanece y es detectable incluso cuando se pasa por alto el estallido original. Este resplandor, denominado “resplandor huérfano”, proporciona evidencia crítica de un evento que de otro modo estaría oculto.
Confirmación a través de señales de radio
La señal, denominada ASKAP J005512-255834, fue captada por el radiotelescopio australiano SKA Pathfinder (ASKAP) en Australia Occidental. Los investigadores dirigidos por Ashna Gulati de la Universidad de Sydney lo han descrito como la detección más concluyente de un resplandor huérfano hasta la fecha.
“Los GRB son poderosas explosiones de rayos de lápiz… si un chorro de GRB no apunta hacia nosotros, el chorro inicial puede pasar desapercibido. Pero más tarde, a medida que ese chorro atraviesa el medio circundante, podemos ver el resplandor que se desvanece… llamado ‘resplandor huérfano’”.
Estos resplandores se han teorizado durante décadas, pero demostrar su existencia ha sido un desafío sin un estallido brillante inicial que señale su presencia. La señal ASKAP se destacó por su emisión prolongada, brillando rápidamente durante semanas y persistiendo durante más de 1.000 días terrestres sin la rápida evolución o múltiples llamaradas típicas de otros transitorios de radio.
Seguimiento de la fuente
La explosión se originó en una galaxia pequeña e irregular a aproximadamente 1.700 millones de años luz de distancia, dentro de una densa región de formación estelar. El equipo descartó como causa los eventos de perturbación de mareas (TDE), donde los agujeros negros destruyen estrellas, porque la explosión no ocurrió cerca del agujero negro supermasivo de la galaxia. La ubicación dentro de un cúmulo de estrellas sugiere que probablemente fue el resultado del colapso de una estrella masiva.
Sin embargo, sigue existiendo la posibilidad de que un esquivo agujero negro de masa intermedia (entre masa estelar y tamaños supermasivo) fuera el responsable de destrozar una estrella. Aún se desconoce la naturaleza exacta del progenitor.
Implicaciones para futuras investigaciones
Este descubrimiento proporciona a los astrónomos un estudio de caso crítico para identificar resplandores huérfanos similares, que podrían revelar explosiones de alta energía nunca antes vistas. Al comprender las características de este evento (su luminosidad, energía y velocidad), los investigadores pueden refinar su búsqueda de ecos más débiles de eventos cósmicos cataclísmicos. La capacidad de detectar estas explosiones perdidas amplía nuestro conocimiento de los procesos más poderosos y energéticos del universo.
La detección de ASKAP J005512-255834 subraya que incluso con telescopios avanzados, algunos de los fenómenos más extremos del universo pueden permanecer ocultos hasta que sus efectos persistentes revelen su presencia. Esto refuerza la importancia de la observación continua y de estrategias de búsqueda refinadas para descubrir el espectro completo de explosiones cósmicas.
