El mundo se enfrenta a una crisis hídrica cada vez más profunda: tres de cada cuatro personas viven ahora en regiones que sufren escasez de agua, contaminación o sequía prolongada. Un informe reciente de las Naciones Unidas concluye que la humanidad está entrando en una “era de bancarrota del agua”: agotando los recursos hídricos más rápidamente de lo que pueden reponerse, agotando efectivamente tanto el agua superficial como las reservas críticas de agua subterránea. Esta no es sólo una preocupación futura; está sucediendo ahora, con cambios irreversibles que se están desarrollando en todo el mundo.

El agotamiento de los recursos vitales

El problema central es simple: la demanda supera la oferta. Décadas de prácticas agrícolas insostenibles, expansión urbana desenfrenada hacia zonas áridas y cambio climático acelerado están impulsando esta crisis. Los acuíferos subterráneos, que sirven como reservas vitales, están disminuyendo a un ritmo del 70% a nivel mundial. El informe destaca ejemplos alarmantes, incluida la aparición de cientos de sumideros en Turquía debido al bombeo excesivo de aguas subterráneas y tormentas de polvo mortales en Beijing relacionadas con la desertificación.

La situación la describe crudamente Kaveh Madani, autor del informe de la ONU: “Nuestra cuenta corriente, el agua superficial… ahora están vacíos. La cuenta de ahorros… también están agotados”. Esta analogía ilustra el punto crítico: hemos agotado las fuentes de agua accesibles y ahora estamos agotando las reservas a largo plazo.

Escasez de agua e inestabilidad global

Alrededor de 4 mil millones de personas ya sufren escasez de agua durante al menos un mes al año, y esto no es sólo una cuestión ambiental, sino un catalizador de malestar y migración. El informe vincula la escasez de agua con las recientes protestas en Irán, donde el otoño más seco en 50 años exacerbó las tensiones económicas. El gobierno incluso está considerando evacuar Teherán a medida que disminuyen los suministros de agua.

Tendencias similares son evidentes en el oeste de Estados Unidos, donde el río Colorado ha experimentado una reducción del caudal del 20% en dos décadas. A pesar de esto, la desviación excesiva de agua continúa apoyando la agricultura con uso intensivo de agua, lo que deja a ciudades como Los Ángeles dependientes de un recurso cada vez menor. El río ya no llega al mar en muchos tramos y los embalses están peligrosamente bajos, y algunos podrían alcanzar niveles de “reservorio muerto” ya en 2027.

El camino insostenible de la agricultura y la industria

La crisis se ve exacerbada por prácticas contrarias a la intuición. Una mayor eficiencia agrícola, como el riego por goteo, a menudo conduce a un uso mayor del agua a medida que los agricultores amplían sus cultivos. El informe destaca que los recortes agrícolas, que representan el 70% del consumo mundial de agua, son inevitables.

Pero esta solución se ve complicada por las realidades económicas: más de mil millones de personas dependen de la agricultura para su sustento, particularmente en los países de bajos ingresos que a menudo exportan alimentos a naciones más ricas. Reducir el uso de agua en la agricultura significa abordar la diversificación económica y potencialmente desestabilizar a poblaciones que ya son vulnerables.

El problema se extiende más allá de la agricultura. La contaminación industrial, las aguas residuales no tratadas y el uso excesivo de fertilizantes contaminan las fuentes de agua en todo el mundo. Bangladesh, por ejemplo, enfrenta una contaminación generalizada por arsénico en sus aguas subterráneas debido al aumento del nivel del mar. Mientras tanto, la industria de la moda rápida en Dhaka está envenenando los ríos con productos químicos, a pesar de saber que regulaciones más estrictas amenazarían los mercados de exportación.

La inminente necesidad de cambio

Muchos sistemas de agua no recuperarán su estado anterior. Los glaciares se están reduciendo y los acuíferos se están derrumbando. El único camino a seguir es una gestión agresiva del agua, comenzando con una contabilidad precisa de las fuentes y el consumo de agua mediante medición.

Como concluye Madani: “No podemos gestionar lo que no medimos”. La humanidad debe adaptarse a un mundo con menos agua, comenzando con un cambio fundamental en la forma en que valoramos, asignamos y conservamos este recurso cada vez más escaso.

La situación es crítica y la inacción ya no es una opción. La era de la quiebra del agua está aquí y las consecuencias se sentirán a nivel mundial.