Los ratones de laboratorio a los que se les permite vivir en entornos más naturales (con acceso a tierra, hierba y aire libre) muestran niveles de ansiedad significativamente más bajos en comparación con los confinados en jaulas esterilizadas. Este hallazgo no es sólo una curiosidad; subraya un problema crítico en la investigación biomédica: la artificialidad de los entornos de laboratorio puede hacer que los estudios con animales no sean confiables para predecir las respuestas humanas.
El problema de los laboratorios estériles
Durante décadas, los investigadores han confiado en ratones de laboratorio para probar medicamentos y terapias antes de los ensayos en humanos. Sin embargo, muchos medicamentos prometedores que funcionan en ratones fracasan en las personas. Los científicos están empezando a sospechar una razón clave: los ratones en los laboratorios viven vidas radicalmente diferentes a las de los humanos o los animales salvajes. Sus entornos están estandarizados, socialmente aislados y desprovistos de estímulos naturales.
Matthew Zipple, investigador de la Universidad de Cornell, explica esto comparando ratones de laboratorio con prisioneros en régimen de aislamiento. La falta de enriquecimiento ambiental crea estados psicológicos anormales que pueden distorsionar los resultados experimentales.
El experimento del “laberinto elevado”
El estudio, publicado en Current Biology, utilizó una prueba de ansiedad clásica: el “laberinto elevado plus”. Los ratones en jaulas estándar reaccionan de manera predecible a esta prueba, evitando los brazos abiertos por miedo. Pero los ratones a los que se les permitió vagar al aire libre no mostraron tal aversión. Exploraron los brazos abiertos con la misma curiosidad que los cerrados. Incluso los ratones movidos de jaulas a recintos al aire libre perdieron rápidamente su ansiedad, lo que indica que el entorno es el principal impulsor, no la genética.
Este sencillo experimento resalta un desajuste fundamental entre cómo se comportan los animales en los laboratorios y cómo se comportan en la vida real.
Más allá de la ansiedad: la conexión del sistema inmunológico
Los problemas no se limitan al comportamiento. Andrea Graham, ecologista de la Universidad de Princeton, señala que los ratones de laboratorio también tienen sistemas inmunológicos drásticamente diferentes en comparación con los ratones salvajes. Esta diferencia ya ha provocado fracasos catastróficos en los ensayos clínicos:
En 2006, el fármaco TGN1412 provocó una reacción inmunitaria casi mortal en voluntarios humanos a pesar de mostrarse prometedor en ratones de laboratorio. Investigaciones posteriores revelaron que el fármaco desencadenaba respuestas inmunitarias opuestas en ratones de tipo salvaje frente a ratones enjaulados.
Este caso ilustra los peligros de asumir que los resultados de laboratorio se traducen directamente en humanos. Un ambiente estéril debilita el sistema inmunológico, haciendo que los animales sean más susceptibles a reacciones inesperadas.
El camino a seguir: una investigación más realista
Investigadores como Zipple reconocen que los recintos exteriores son más caros y más difíciles de controlar. Pero argumentan que el costo a largo plazo de los estudios en animales poco confiables es mucho mayor. Al incorporar entornos de prueba más naturalistas, los científicos podrían mejorar la precisión del desarrollo de fármacos y reducir los fracasos de los ensayos en humanos.
El equipo de Zipple ahora está estudiando cómo el enjaulamiento afecta el envejecimiento en ratones, con el objetivo de crear una lista de rasgos que se comportan consistentemente entre condiciones de laboratorio y silvestres. El objetivo final es cerrar la brecha entre los modelos animales y la realidad humana.
