La creciente crisis en la atención sanitaria domiciliaria

La demanda de atención domiciliaria está aumentando, impulsada por el envejecimiento de la población y la renuencia de las personas mayores a trasladarse a centros de vida asistida. Sin embargo, una grave escasez de mano de obra en el sector de la atención sanitaria a domicilio está dejando a muchas personas (tanto mayores como discapacitadas) luchando por recibir el apoyo que necesitan.

La preferencia por envejecer en el lugar

Durante décadas, las encuestas han demostrado consistentemente que la mayoría de los adultos mayores prefieren abrumadoramente permanecer en sus hogares el mayor tiempo posible. Esta preferencia no es meramente sentimental; refleja un deseo de independencia, familiaridad y control sobre su vida diaria. Ya sea recuperándose de una hospitalización, manejando enfermedades crónicas o adaptándose a la vida después de perder a su cónyuge, la gran mayoría desea evitar la atención institucional.

La tensión sobre el sistema

Esta preferencia crea una inmensa presión sobre la industria de la atención médica domiciliaria, que ya enfrenta una escasez crítica de cuidadores calificados. El problema no es la falta de necesidad; es falta de trabajadores. A medida que la población envejece, la demanda de asistencia a domicilio con tareas como la administración de medicamentos, el baño, la cocina y el transporte no hará más que aumentar.

¿Un modelo roto?

La Dra. Madeline Sterling, directora de la Iniciativa sobre Trabajo de Atención Domiciliaria de la Universidad de Cornell, describe la situación actual como una “crisis”. El sistema no funciona bien para ninguno de los involucrados, ni para los pacientes, sus familias o los propios cuidadores. Esto sugiere problemas fundamentales con la financiación, las condiciones laborales y la contratación en el sector de la atención sanitaria a domicilio.

La creciente presión sobre la atención médica domiciliaria pone de relieve una falla sistémica para apoyar adecuadamente a quienes desean envejecer en el lugar, lo que obliga a tomar decisiones difíciles para las personas y las familias.

El futuro de los cuidados a largo plazo dependerá de abordar esta crisis de frente, garantizando que un apoyo domiciliario de calidad sea accesible y sostenible para una población en crecimiento.