El gobierno federal de Estados Unidos ha modificado significativamente su calendario recomendado de vacunas infantiles, reduciendo el número de inyecciones recomendadas universalmente para niños menores de 18 años de aproximadamente 17 a 11. Esto marca una medida sin precedentes que degrada las recomendaciones predeterminadas para vacunas contra enfermedades como el rotavirus, la influenza y la hepatitis A, desplazándolas a grupos específicos de “alto riesgo” o “toma de decisiones clínicas compartidas” entre padres y proveedores de atención médica.

¿Qué ha cambiado?

La guía revisada clasifica las vacunas en tres niveles: las recomendadas para todos los niños, las destinadas a poblaciones específicas de alto riesgo y las sujetas a una toma de decisiones compartida. Si bien las vacunas básicas contra 11 enfermedades siguen siendo recomendadas universalmente (sarampión, paperas, rubéola, polio, tos ferina, tétanos, difteria, Hib, enfermedad neumocócica, varicela y VPH), ciertas vacunas (incluidas las de influenza, hepatitis, rotavirus, COVID-19 y enfermedad meningocócica) ahora se presentan como una práctica opcional en lugar de una práctica estándar.

En particular, la recomendación de la vacuna contra el VPH se redujo de dos a una dosis, un cambio que ha generado preocupación entre los expertos médicos.

La controversia detrás del cambio

Este cambio de política se produce tras la presión del presidente Trump para alinear los calendarios de vacunas de Estados Unidos con los de “países pares”, específicamente Dinamarca, que recomienda menos vacunas. Los críticos argumentan que esta comparación es errónea, ya que la población más pequeña y homogénea y el sistema de salud universal de Dinamarca difieren significativamente del panorama demográfico más amplio, diverso y fragmentado de Estados Unidos.

Los expertos enfatizan que el cronograma estadounidense ha sido probado rigurosamente y que esta decisión no fue impulsada por nuevos datos de seguridad o eficacia. Más bien, parece ser una medida políticamente motivada para reflejar las políticas de otros países sin considerar el contexto.

Por qué esto es importante

El cambio a una “toma de decisiones clínicas compartida” introduce posibles barreras al acceso a las vacunas. Como señala el exdirector de los CDC, Daniel Jernigan, esto podría crear confusión sobre la necesidad y eficacia de las vacunas, lo que llevaría a que menos niños reciban inmunizaciones que podrían salvarles la vida. Los expertos advierten que abandonar las recomendaciones rutinarias de vacunas contra la influenza, la hepatitis y el rotavirus podría resultar en más hospitalizaciones y muertes evitables.

La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) ya condenó los cambios como “peligrosos e innecesarios” y puede emprender acciones legales, citando violaciones de los procesos regulatorios de vacunas establecidos. La AAP y otras organizaciones de salud han cuestionado previamente los cambios de política de los CDC, subrayando la oposición generalizada a este nuevo enfoque.

Este cambio no se basa en nueva evidencia médica sino en la presión política para alinear la política estadounidense con la de otras naciones, sin tener en cuenta los desafíos de salud y la infraestructura únicos dentro de los Estados Unidos. Las consecuencias a largo plazo de esta decisión aún están por verse, pero los funcionarios de salud pública temen que debilitará la inmunidad infantil y aumentará el riesgo de enfermedades prevenibles.