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Repensar el envejecimiento: un estudio desafía el vínculo entre la inflamación y la disminución de la inmunidad

Repensar el envejecimiento: un estudio desafía el vínculo entre la inflamación y la disminución de la inmunidad

Un nuevo estudio está impulsando una reevaluación de cómo entendemos el envejecimiento y su impacto en el sistema inmunológico. Tradicionalmente, los científicos han atribuido la eficacia reducida de las vacunas, incluidas las de la COVID-19 y la gripe, en los adultos mayores a una disminución de la función inmunitaria junto con la “inflamación”, un estado de inflamación persistente y de bajo grado. Sin embargo, esta nueva investigación sugiere que la inflamación puede no ser tan central en el proceso de envejecimiento como se pensaba anteriormente, y que los mecanismos detrás de los cambios inmunológicos relacionados con la edad son más complejos.

El cambio en la comprensión de “inflamar”

Durante años, se ha supuesto que el sistema inmunológico se debilita con la edad, en parte debido a un aumento de la inflamación crónica. Esta teoría ha influido significativamente en la investigación sobre por qué las personas mayores suelen tener una respuesta menos sólida a las vacunas y son más vulnerables a las infecciones. Sin embargo, el nuevo estudio, publicado en Nature, desafía esta comprensión establecida.

Los investigadores compararon los sistemas inmunológicos de adultos jóvenes y mayores y no encontraron aumentos consistentes en los marcadores biológicos asociados con la inflamación con la edad. En cambio, sus hallazgos sugieren que el envejecimiento parece reprogramar las células T, células inmunes cruciales responsables de entrenar a las células B para que produzcan anticuerpos en respuesta a virus y vacunas. Este cambio de enfoque lleva la conversación de la inflamación como factor principal al examen de la función y la interacción de las propias células T.

Metodología del estudio y hallazgos clave

Para investigar la evolución de la función inmune, los investigadores siguieron a 96 voluntarios sanos (de 25 a 35 años y de 55 a 65 años) durante dos años, recogieron muestras de sangre varias veces y monitorearon sus respuestas inmunes antes y después de las vacunas anuales contra la gripe. Luego, el estudio se amplió para incluir a un grupo más grande de 234 adultos, con edades comprendidas entre 40 y más de 90 años.

Utilizando técnicas sofisticadas como secuenciación de ARN unicelular, proteómica plasmática y citometría de flujo espectral, los investigadores pudieron analizar células inmunes individuales y las proteínas que circulan en la sangre. Descubrieron que en los adultos mayores, un número cada vez mayor de células T de memoria (células inmunitarias que “recuerdan” infecciones pasadas) cambian a un estado que altera su interacción con las células B. Esta alteración dificulta la capacidad de las células B para producir anticuerpos de manera efectiva en respuesta a vacunas o infecciones. Por el contrario, las células T de memoria de los adultos más jóvenes mantuvieron su capacidad para responder rápidamente y aumentar la producción de anticuerpos.

Abordar suposiciones previas sobre las infecciones virales

Un aspecto crítico del estudio fue el examen del papel de las infecciones virales latentes, como el citomegalovirus (CMV). Estas infecciones, que permanecen en el cuerpo después de la infección inicial, a menudo están implicadas en el debilitamiento del sistema inmunológico con la edad. Sin embargo, los investigadores encontraron que la infección por CMV no se correlacionaba con un envejecimiento inmunológico más rápido o mayores niveles de proteínas inflamatorias en adultos menores de 65 años, desafiando aún más la creencia arraigada de que estos virus latentes son el principal impulsor del deterioro inmunológico.

Precauciones y direcciones futuras

Si bien los hallazgos ofrecen nuevas e interesantes vías de investigación, los expertos enfatizan la necesidad de actuar con cautela. Alan Cohen, profesor asociado de la Universidad de Columbia, señala que los participantes del estudio procedían de áreas altamente industrializadas de California y Washington, y que hallazgos similares pueden no ser universalmente aplicables en diferentes poblaciones y entornos. También señala que los cambios más sustanciales en el sistema inmunológico suelen ocurrir después de los 65 años.

A pesar de estas advertencias, los investigadores creen que estos hallazgos podrían eventualmente informar el desarrollo de vacunas diseñadas específicamente para compensar los cambios inmunológicos relacionados con la edad y, en última instancia, proteger mejor a los adultos mayores. Además, los resultados pueden allanar el camino para tratamientos diseñados para restaurar la función inmune a medida que envejecemos.

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