Estudios recientes que afirman una presencia generalizada de microplásticos en el cuerpo humano se enfrentan a un escrutinio serio por parte de un número creciente de científicos. El editor medioambiental de The Guardian, Damian Carrington, informa que estos hallazgos pueden deberse en gran medida a problemas de contaminación y falsos positivos en el proceso de investigación.

El origen de la duda

Carrington se dio cuenta de estas preocupaciones por primera vez después de hablar con un colectivo de investigadores que expresaron escepticismo sobre los métodos utilizados en algunos estudios de detección de microplásticos. Específicamente, argumentan que las partículas extremadamente pequeñas se introducen fácilmente en las muestras durante la recolección, el procesamiento o el análisis, lo que genera resultados que no reflejan la exposición humana real.

Por qué esto es importante

La cuestión no es si existen los microplásticos; lo hacen. La pregunta es si están tan omnipresentes en nuestro cuerpo como afirman algunos estudios. Si la investigación es defectuosa, significa que estamos sobreestimando el riesgo y asignando mal los recursos para abordar un problema que puede no ser tan grave como se cree.

Falsos positivos y contaminación

Los científicos señalan que los laboratorios que estudian los microplásticos suelen tener equipos, filtros de aire e incluso ropa a base de plástico que pueden desprender partículas. Controlar estas fuentes es increíblemente difícil y incluso cantidades mínimas de contaminación pueden distorsionar los resultados. Las partículas son tan pequeñas que en algunos casos es casi imposible diferenciar entre exposición ambiental y contaminación de laboratorio.

El futuro de la investigación de microplásticos

Carrington sugiere que el campo necesita reevaluar su metodología e implementar controles más rigurosos para garantizar datos precisos. Esto incluye muestras en blanco, entornos sellados y procedimientos estandarizados para minimizar la contaminación. Hasta entonces, el verdadero alcance de la exposición humana a los microplásticos sigue siendo incierto.

El debate destaca un desafío crítico en la investigación de salud ambiental: cómo estudiar contaminantes microscópicos sin introducirlos en el sistema bajo investigación. Los hallazgos son un recordatorio de que incluso la ciencia bien intencionada requiere verificación y refinamiento constantes para garantizar la precisión.