Un importante enigma en la historia de la vida de los vertebrados (por qué los linajes de peces aparentemente aparecen abruptamente en el registro fósil mucho después de sus orígenes) se ha relacionado con la extinción masiva del Ordovícico Tardío (LOME), un evento catastrófico hace aproximadamente 445 a 443 millones de años. Un nuevo análisis revela que esta extinción no fue sólo un período de pérdida, sino una reestructuración fundamental de los primeros ecosistemas marinos que allanó el camino para el surgimiento de peces con y sin mandíbulas.
El misterio de los fósiles desaparecidos
Durante décadas, los paleontólogos han notado una curiosa brecha: los linajes de vertebrados parecen aparecer de manera relativamente repentina a mediados del Paleozoico, a pesar de que sus orígenes se remontan al período Cámbrico. Las explicaciones habituales implican registros fósiles incompletos o “linajes fantasma” (especies que existieron pero no dejaron rastro). Sin embargo, una investigación dirigida por Wahei Hagiwara y Lauren Sallan en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa sugiere una causa más dramática: LOME efectivamente restablece el campo de juego para la evolución de los vertebrados.
Cómo la extinción transformó la vida marina
La extinción del Ordovícico tardío fue un evento de dos etapas caracterizado por rápidos cambios climáticos, fluctuaciones en la química oceánica, glaciación y cambios en el nivel del mar. Estas condiciones diezmaron la vida marina, incluidas pérdidas generalizadas entre los primeros vertebrados con mandíbulas (gnatóstomos) y peces primitivos sin mandíbulas como los conodontes. Esta devastación creó un período prolongado de baja biodiversidad conocido como la Brecha de Talimaa, que duró millones de años.
El hallazgo clave es que las especies supervivientes no se recuperaron de manera uniforme en todo el mundo. En cambio, se diversificaron en “refugios” aislados, zonas donde las condiciones les permitieron persistir. Esta evolución localizada condujo a linajes únicos que eventualmente repoblarían los océanos.
El ascenso de las mandíbulas en aislamiento
La evidencia definitiva más temprana de vertebrados con mandíbulas aparece en el sur de China, uno de estos refugios clave. Estos primeros tiburones y sus parientes permanecieron restringidos geográficamente durante millones de años, evolucionando de forma aislada antes de extenderse a otros ecosistemas. Este patrón refleja la recuperación de otras extinciones masivas, como el evento del final del Devónico, donde la biodiversidad tarda décadas en recuperarse.
El estudio confirma que el período posterior a la extinción no se trató de una expansión rápida, sino de una diversificación gradual en focos aislados. Esto explica por qué la vida marina moderna tiene sus orígenes en estos supervivientes y no en grupos anteriores, ahora extintos, como los conodontes.
“Al integrar la ubicación, la morfología, la ecología y la biodiversidad, finalmente podemos ver cómo los primeros ecosistemas de vertebrados se reconstruyeron después de importantes alteraciones ambientales”, dice el profesor Sallan.
Los investigadores compilaron una nueva y completa base de datos de fósiles de vertebrados del Paleozoico para reconstruir estos ecosistemas antiguos, cuantificando el dramático aumento en la diversidad de gnatóstomas después de LOME. La evidencia sugiere que la extinción no fue sólo un revés para los primeros peces: fue un catalizador de las innovaciones evolutivas que los definirían.
En conclusión, la extinción masiva del Ordovícico tardío no acabó simplemente con la vida; reformó su trayectoria, creó las condiciones para el surgimiento de vertebrados con mandíbulas y, en última instancia, influyó en el curso de la evolución de los peces. Esta investigación proporciona un nuevo marco para comprender cómo los principales eventos evolutivos pueden ser impulsados no solo por la supervivencia, sino también por las presiones únicas de la reestructuración ecológica.






















