El telescopio James Webb revela un impresionante detalle de la nebulosa ‘Ojo de Dios’

El Telescopio Espacial James Webb (JWST) ha capturado una nueva imagen impresionante de la Nebulosa Hélice, una estructura a menudo llamada el “Ojo de Dios” debido a su sorprendente parecido con un iris cósmico. La imagen revela detalles sin precedentes del acto final de esta estrella moribunda, ofreciendo un vistazo al futuro de nuestro propio sol… y al pasado distante de la formación planetaria.

¿Qué es la nebulosa de la hélice?

La Nebulosa de la Hélice, ubicada a 650 años luz de distancia en la constelación de Acuario, es una nebulosa planetaria : una colorida capa de gas y polvo expulsada por una estrella cuando se acerca al final de su vida. A pesar del nombre, estas formaciones no tienen nada que ver con los planetas. En cambio, son restos de estrellas como nuestro sol, que se despojaron de sus capas exteriores después de agotar su combustible nuclear.

En el centro de la nebulosa se encuentra una enana blanca, el núcleo increíblemente denso de la estrella colapsada. La imagen del JWST muestra cómo la intensa radiación de este remanente enciende el gas circundante, creando un marcado contraste entre el calor abrasador y las gélidas bolsas de polvo.

Un adelanto del destino de nuestro sol

Esta no es sólo una imagen bonita; es un claro recordatorio de que nuestro propio sol sufrirá una transformación similar en aproximadamente 5 mil millones de años. A medida que el Sol se quede sin hidrógeno, se expandirá hasta convertirse en una gigante roja antes de deshacerse de sus capas exteriores, dejando atrás una enana blanca.

La Nebulosa Hélice brinda a los científicos una oportunidad única de estudiar de cerca la mecánica de la muerte estelar y la formación de nebulosas planetarias.

Los componentes básicos de los mundos futuros

Más allá del calor y la radiación, la Nebulosa de la Hélice también alberga bolsas de hidrógeno molecular frío, donde se pueden formar moléculas complejas. Éstas son las materias primas para los planetas futuros y, potencialmente, la vida. La nebulosa puede ofrecer pistas sobre las condiciones que existían en nuestro propio sistema solar hace miles de millones de años, antes de que los planetas se fusionaran alrededor de un sol joven.

Una historia de observación

Descubierta por primera vez en 1824 por Karl Ludwig Harding, la Nebulosa Hélice ha sido estudiada extensamente por los astrónomos durante casi dos siglos. La imagen infrarroja del JWST, capturada por su cámara de infrarrojo cercano (NIRCam), añade un nuevo nivel de detalle a las observaciones realizadas por telescopios anteriores, incluido el Hubble.

La Nebulosa Hélice es una de las nebulosas planetarias más cercanas y brillantes visibles desde la Tierra, lo que la convierte en un objetivo ideal para un estudio continuo. Al examinar las interacciones entre el gas caliente, el polvo frío y la enana blanca en el corazón del sistema, los astrónomos pueden desentrañar los misterios de la evolución estelar y los orígenes de los sistemas planetarios.

Las nuevas imágenes del JWST confirman que la Nebulosa Hélice no es sólo una vista espectacular: es un laboratorio cósmico que ofrece información tanto sobre el destino inevitable de las estrellas como sobre el posible nacimiento de nuevos mundos.