Durante más de dos décadas, la comunidad científica creyó haber encontrado un hito biológico: Pohlsepia mazonensis, un fósil de 300 millones de años de antigüedad que alguna vez fue considerado la especie de pulpo más antigua conocida. Sin embargo, un nuevo examen reciente ha revelado una verdad sorprendente: el “pulpo” en realidad nunca existió.

Lo que alguna vez fue poseedor del récord mundial Guinness ha sido reclasificado como nautiloide, un cefalópodo sin cáscara relacionado con el nautilo moderno. Esta corrección hace más que simplemente corregir un único error; Cambia fundamentalmente nuestra comprensión de la línea de tiempo evolutiva tanto de los nautiloideos como de los pulpos.

La ilusión de la descomposición

El error se originó en la forma en que se conservó el fósil. Descubierto en 2000 en el área de Mazon Creek en Illinois, el espécimen había sufrido una descomposición significativa antes de ser enterrado en sedimentos.

Según el paleobiólogo Thomas Clements de la Universidad de Reading, esta decadencia creó una ilusión “convincente”. Los restos aplastados y en descomposición parecían poseer ocho extremidades, dos ojos y una bolsa de tinta, todas características de un pulpo. En realidad, estas características probablemente fueron el resultado de un tejido blando distorsionado y no de la verdadera anatomía del pulpo.

Trabajo de detective de alta tecnología: ver a través de la piedra

El avance no se produjo al mirar más de cerca, sino al mirar a través de la roca. Utilizando imágenes de sincrotrón (una forma muy avanzada de tecnología de rayos X impulsada por aceleradores de partículas), los investigadores pudieron observar el interior del denso fósil sin destruirlo.

Esta tecnología es miles de millones de veces más poderosa que una radiografía médica estándar, lo que permite a los científicos detectar detalles microscópicos que antes eran invisibles. Las imágenes revelaron dos pruebas irrefutables que desacreditaron la teoría del pulpo:

  1. La Rádula (La “Lengua”): El equipo descubrió 11 estructuras diminutas parecidas a dientes dispuestas en fila. Se trata de una rádula, un órgano de alimentación especializado que se encuentra en los moluscos. Mientras que los pulpos suelen tener siete o nueve dientes por fila, los nautiloideos tienen trece. La forma específica y el número de estos dientes apuntaban directamente hacia una identidad nautiloide.
  2. La tinta faltante: La característica previamente identificada como un saco de tinta no mostró evidencia de melanosomas (las estructuras portadoras de pigmentos que se encuentran en la tinta real), lo que sugiere que el “saco” era simplemente una anomalía estructural causada por la descomposición.

Redibujando el mapa evolutivo

La reclasificación tiene un enorme “efecto dominó” en el árbol genealógico de los cefalópodos. Debido a que Pohlsepia es en realidad un espécimen de una especie de nautiloide existente (Paleocadmus pohli ), la línea de tiempo para ambos grupos ha cambiado significativamente:

  • Nautiloides: El récord del tejido blando conservado más antiguo de un nautiloide se ha retrasado aproximadamente 220 millones de años.
  • Pulpos: Debido a que ya no tenemos este “ancla” de 300 millones de años, la evidencia más temprana de la evolución de los pulpos se ha adelantado unos 150 millones de años.

Por qué esto es importante para la ciencia

Esta corrección resalta una realidad común en paleontología: las herramientas del presente a menudo revelan los errores del pasado. Cuando Pohlsepia se estudió por primera vez en el año 2000, los investigadores trabajaron con los mejores datos visuales disponibles en ese momento. Hoy en día, la capacidad de ver estructuras internas microscópicas permite un nivel de precisión que antes era imposible.

“A veces, el reexamen de fósiles controvertidos con nuevas técnicas revela pequeñas pistas que conducen a descubrimientos realmente interesantes”, dice Thomas Clements.


Conclusión
Al corregir este error de 300 millones de años, los científicos han obtenido una cronología mucho más precisa de la vida en la Tierra, demostrando que incluso un descubrimiento “incorrecto” puede eventualmente conducir a una comprensión mucho mayor de la evolución.