Durante décadas, la ciencia médica y dietética trató la grasa corporal como un simple depósito de almacenamiento. Ahora, un creciente conjunto de investigaciones está revelando una realidad mucho más compleja: la grasa no está sólo en el cuerpo, es parte de él. Cada vez más, los investigadores consideran que el tejido adiposo (lo que comúnmente conocemos como grasa) es un órgano de pleno derecho que se comunica activamente con el resto del sistema.
La comprensión cambiante del tejido adiposo
La antigua visión de la grasa era pasiva. Era una masa amarilla e inerte que se acumulaba cuando la ingesta de calorías excedía la producción. Sin embargo, esta perspectiva ignoraba la actividad metabólica de las células grasas (adipocitos). Estas células no sólo almacenan energía; liberan hormonas, señales inmunes y otras moléculas que influyen en todo, desde la inflamación hasta la sensibilidad a la insulina.
Este cambio en la comprensión es crucial porque significa que los impactos de la grasa en la salud no se limitan al peso. Incluso las personas delgadas pueden tener grasa metabólicamente nociva, mientras que algunas con porcentajes de grasa corporal más altos pueden ser metabólicamente robustas.
La grasa como órgano endocrino
Uno de los cambios clave en el pensamiento es el reconocimiento de la grasa como un órgano endocrino. Los órganos endocrinos producen hormonas y el tejido adiposo hace exactamente eso. Leptina, una hormona producida por las células grasas, regula el apetito. La adiponectina afecta la sensibilidad a la insulina. Estas hormonas no se encuentran simplemente dentro de la grasa; Circulan por el torrente sanguíneo y afectan órganos distantes como el cerebro, el hígado y los músculos.
Investigaciones emergentes e implicaciones futuras
Las últimas investigaciones, que incluyen debates dirigidos por expertos como el profesor Declan O’Regan del Imperial College de Londres, están explorando cómo la IA y los modelos avanzados pueden desentrañar aún más la complejidad de la grasa. Esto incluye comprender cómo los diferentes tipos de grasa (blanca, marrón, beige) interactúan con el cuerpo de manera diferente y cómo esta interacción cambia bajo diversas condiciones (dieta, ejercicio, enfermedad).
La reclasificación de la grasa como órgano es más que semántica. Significa que las intervenciones dirigidas a la salud metabólica deben considerar el papel sistémico del tejido adiposo, no solo centrarse en reducir su masa general.
La evolución de la ciencia sobre las grasas exige un replanteamiento fundamental de cómo abordamos la salud, la dieta y la prevención de enfermedades. Ya no es suficiente simplemente reducir las reservas de grasa: ahora comprender cómo funciona la grasa es fundamental para optimizar el bienestar a largo plazo.
