Los muertos no siempre descansan boca arriba.

En Antiguo Cuscatlán. Justo en las afueras de San Salvador. Los arqueólogos desenterraron un esqueleto el pasado mes de julio. Estaba colocado boca abajo. Agarrando una tortuga marina de cerámica.

Esta no es una tumba más. Es una ventana potencial a los rituales funerarios pre-mayas en El Salvador que desafían la forma en que entendemos la historia de la región.

Descubriendo el esqueleto de 2.800 años de antigüedad

El hallazgo ocurrió el 2 de julio. Carlos Flores Manzano dirigió la excavación. Es estudiante de doctorado en Yale. Trabajando bajo el Ministerio de Cultura de El Salvador.

El esqueleto es viejo. Realmente viejo.

Se encontraba debajo de una gruesa capa de ceniza volcánica. Esa ceniza provino del cráter Plan de la Laguna. Las erupciones se fechan entre 850 y 850 a.C. Hace aproximadamente 2.800 años. Esto ubica al entierro firmemente en el período Preclásico Medio. Una época en la que las sociedades mesoamericanas estaban pasando de ser nómadas a ser sedentarias. Las culturas se estaban volviendo complejas. Rápido.

No lo dataron por radiocarbono de inmediato. La capa de ceniza hace el trabajo pesado de la colocación cronológica.

¿Por qué el cuerpo fue enterrado boca abajo con una tortuga marina?

Aquí está la parte rara. La postura.

Es raro que esté boca abajo. Inusual. A finales de los años 1970. El arqueólogo William R. Fowler excavó en Chalchuapa. No muy lejos del Antiguo Cuscatlán. Encontró 33 esqueletos. En su mayoría machos adultos. Sus extremidades estaban atadas.

Fowler los llamó sacrificios de guerra. Cautivos sacrificados permanentemente.

Por mucho tiempo. Esa teoría se mantuvo. El sacrificio humano fue la explicación predeterminada para los entierros extraños en esta región.

Flores Manzano no está de acuerdo. O al menos. Ofrece un ángulo diferente. En un estudio de 2020 cuestionó la narrativa del sacrificio. Quizás no fue violencia. Quizás fue cosmología.

“La inusual posición del entierro podría estar relacionada con una antigua cosmología mesoamericana y un inframundo.”

Piensa en la tortuga marina. No fue basura al azar. Probablemente era un barco. Colocado cerca de la mano.

Flores Manzano lo vincula con el Cinturón de Orión. Posteriormente la astronomía maya utilizó este cúmulo para viajes sagrados. Si este entierro refleja ese pensamiento. Entonces la tortuga marina es una guía. O un mapa. No es un trofeo.

¿Qué sigue después del hallazgo del Antiguo Cuscatlán?

No tenemos todas las respuestas. Todavía.

El entierro era demasiado frágil para dejarlo bajo tierra. Lo recubrieron con yeso. Un levantamiento cuidadoso. Ahora está en un laboratorio.

El análisis químico es el siguiente. Dieta. Estilo de vida. Causa de muerte. Estos detalles están encerrados en la química ósea. Tardará aproximadamente un año. Un año calendario completo.

Flores Manzano espera entonces resultados públicos. Hasta entonces. El debate continúa.

¿Es un sacrificio? ¿O un viaje sagrado?

La ceniza cubre la respuesta. Por ahora.