Una audaz y controvertida propuesta de geoingeniería sugiere que la construcción de una enorme presa entre Alaska y Rusia podría ayudar a prevenir el colapso de una corriente oceánica vital. Sin embargo, si bien la idea podría, en teoría, estabilizar el clima en el norte de Europa, los científicos advierten que el plan está lejos de ser una solución garantizada y conlleva inmensos riesgos ecológicos y geopolíticos.
La amenaza: una “cinta transportadora” que se derrumba
El foco de esta investigación es la Circulación de Inversión Meridional del Atlántico (AMOC). Este sistema actúa como una enorme cinta transportadora submarina, transportando agua cálida y salada desde los trópicos hacia el Atlántico Norte. A medida que esta agua se enfría y se hunde, impulsa un patrón de circulación que regula las temperaturas en Europa, África y América.
La AMOC se encuentra actualmente amenazada por el calentamiento global debido a dos factores principales:
1. Temperaturas en aumento: Las aguas más cálidas del Atlántico norte pueden no enfriarse y hundirse como deberían.
2. Afluencia de agua dulce: Las capas de hielo que se derriten están vertiendo agua dulce en el océano, diluyendo la salinidad necesaria para que el agua se hunda.
Si la AMOC colapsa, las consecuencias serían catastróficas: el norte de Europa podría ver una caída de las temperaturas, América del Norte podría enfrentar aumentos significativos del nivel del mar y la producción mundial de alimentos podría verse gravemente perturbada. Estudios recientes sugieren que este debilitamiento está ocurriendo mucho más rápido de lo previsto anteriormente, y podría desacelerarse hasta un 59% para el año 2100.
La propuesta: cerrar el estrecho de Bering
En un nuevo estudio publicado en Science Advances, los investigadores Jelle Soons y Henk Dijkstra exploraron una solución radical: bloquear el estrecho de Bering para desconectar el Océano Pacífico del Océano Ártico.
La lógica se basa en la paleoclimatología. Hace aproximadamente 3 millones de años, a mediados del Plioceno, existía un puente terrestre que cerraba este paso, y la AMOC fue significativamente más fuerte durante ese período. Los investigadores modelaron un escenario en el que se construirían tres represas, que abarcarían un tramo de 82 kilómetros (51 millas), a través del estrecho.
Los resultados: un arma de doble filo
El estudio encontró que la eficacia de una presa de este tipo depende en gran medida de las condiciones ambientales actuales:
– En un escenario “leve”: Si las emisiones de CO2 siguen siendo relativamente bajas y la AMOC sólo se debilita ligeramente, cerrar el estrecho podría fortalecer la corriente y ayudarla a resistir un mayor descenso.
– En un escenario “severo”: Si el AMOC ya está significativamente debilitado, cerrar el estrecho podría en realidad acelerar su colapso.
Debido a que el resultado depende en gran medida de los niveles de CO2 existentes y de la fuerza actual de la corriente, expertos como Jonathan Baker, de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, advierten que ésta no es una “solución sencilla”.
Obstáculos ecológicos y de ingeniería
Si bien la construcción física de tales represas es técnicamente factible (comparable en escala a los enormes diques existentes en los Países Bajos y Corea del Sur), los desafíos prácticos son asombrosos.
- Condiciones extremas: A diferencia de las represas existentes en aguas costeras tranquilas, el Estrecho de Bering es una región remota caracterizada por corrientes poderosas y hielo marino pesado.
- Alteración ecológica: Cortar la conexión entre los océanos Pacífico y Ártico alteraría fundamentalmente el intercambio de nutrientes, calor y vida marina, lo que podría devastar ecosistemas.
- Impacto humano: El proyecto alteraría las rutas marítimas, las industrias pesqueras y las formas de vida tradicionales de las comunidades indígenas que dependen del estrecho.
- Geopolítica: La presa se ubicaría directamente entre dos superpotencias rivales, lo que convertiría la cooperación y la seguridad internacionales en un obstáculo enorme.
Conclusión
Si bien la idea de una presa en el estrecho de Bering ofrece una herramienta teórica fascinante para la intervención climática, sigue siendo una apuesta muy impredecible. Los científicos enfatizan que, si bien la geoingeniería podría retrasar un colapso en condiciones específicas, no aborda la causa fundamental de la crisis; La forma más eficaz de proteger la AMOC sigue siendo la reducción agresiva de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
